Las Grutas: cayó un rayo y la tarde en la playa fue diferente
Era la tarde perfecta para estar en la playa. Hacía muchísimo calor -la máxima alcanzó los 35 grados-, el mar había bajado y ofrecía lugar para todos, el sol pegaba con intensidad y el agua se sentía tibia.
El marco perfecto para los miles y miles de personas que disfrutaban de otra jornada de verano. Pero repentinamente, en lo mejor, el cielo se cubrió de nubarrones oscuros y en el horizonte, hacia el sur, comenzaron a vislumbrarse los flashes de los relámpagos, y segundos después empezaron los primeros truenos.
El fenómeno, que se produjo poco después de las 16, impulsó a que los guardavidas izaran las banderas negras, que anuncian la proximidad de una tormenta eléctrica y obliga a desalojar la costa ante el riesgo de caída de rayos.
Muchos obedecieron las instrucciones y en algunos casos el apuro tomó formas de angustia. Casi con desesperación reunían sus enseres típicos de veraneo y buscaron la bajada más cercana, donde en todas sin excepción una multitud se había reunido en busca de la salida.
Esta vez se advirtió un mayor cumplimiento por parte de la gente de la medida impuesta por las autoridades municipales, que tiene por objetivo la protección de los bañistas. Claro que, como suele suceder, siempre hay una minoría que desoye las instrucciones.
Un hombre que nadaba varios metros aguas adentro debió ser forzado a salir a la orilla con la intervención de un guardavidas con una moto acuática. Otros quedaron como si no hubiera pasado nada, aunque ya los rayos se escuchaban y los estruendos daban miedo, sobre todo uno que se registró cerca de las 18, con la sensación de haber hecho temblar la tierra. No mucho después se descargó un aguacero, breve pero intenso. Para esto ya la playa había quedado desierta.
Eran apenas las 19 y el sector céntrico como nunca se vio inundado por una muchedumbre equipada con sombrillas, reposeras y conservadoras.
Tomado de: www.lmneuquen.com.ar
El marco perfecto para los miles y miles de personas que disfrutaban de otra jornada de verano. Pero repentinamente, en lo mejor, el cielo se cubrió de nubarrones oscuros y en el horizonte, hacia el sur, comenzaron a vislumbrarse los flashes de los relámpagos, y segundos después empezaron los primeros truenos.
El fenómeno, que se produjo poco después de las 16, impulsó a que los guardavidas izaran las banderas negras, que anuncian la proximidad de una tormenta eléctrica y obliga a desalojar la costa ante el riesgo de caída de rayos.
Muchos obedecieron las instrucciones y en algunos casos el apuro tomó formas de angustia. Casi con desesperación reunían sus enseres típicos de veraneo y buscaron la bajada más cercana, donde en todas sin excepción una multitud se había reunido en busca de la salida.
Esta vez se advirtió un mayor cumplimiento por parte de la gente de la medida impuesta por las autoridades municipales, que tiene por objetivo la protección de los bañistas. Claro que, como suele suceder, siempre hay una minoría que desoye las instrucciones.
Un hombre que nadaba varios metros aguas adentro debió ser forzado a salir a la orilla con la intervención de un guardavidas con una moto acuática. Otros quedaron como si no hubiera pasado nada, aunque ya los rayos se escuchaban y los estruendos daban miedo, sobre todo uno que se registró cerca de las 18, con la sensación de haber hecho temblar la tierra. No mucho después se descargó un aguacero, breve pero intenso. Para esto ya la playa había quedado desierta.
Eran apenas las 19 y el sector céntrico como nunca se vio inundado por una muchedumbre equipada con sombrillas, reposeras y conservadoras.
Tomado de: www.lmneuquen.com.ar

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